Según se recoge en las crónicas de la cervecería Kulmbacher, allá por el invierno de 1890, un aprendiz que trabajaba para la fábrica en un frío día de invierno olvidó llevar dos barriles de cerveza Bockbier hasta el sótano de la cervecería donde se almacenaban. Los barriles se quedaron a la intemperie y con el paso de los días se cubrieron de nieve y congelaron. El olvido del muchacho no fue descubierto hasta la primavera siguiente. Cuando los barriles, por pura ley física reventaron, el aprendiz se llevó una buena reprimenda por parte de su capataz. Pero curiosamente el descuido del chico se transformó en un golpe de suerte y bajo la capa de hielo, lo que quedaba del tonel, era una cerveza Bock de sabor más fuerte y un alto volumen alcohólico.

Kulmbacher